EL CERRO PRIMO DE RIVERA EN MAIPÚ

Paseo del cerro Primo de Rivera (33°29'40.9"S 70°45'19.0"W).
Fuera del radio central del Gran Santiago está uno de los cerros islas más importantes en todo el plano urbano en el Valle del Mapocho: el Primo de Rivera o Cerro 15, como también ha sido llamado. Su nombre lo delata como uno de los últimos bastiones en los que pudieron posicionarse las fuerzas del realismo ya a las puertas de la Independencia de Chile. Convertido hoy en un singular y atractivo parque inaugurado el 5 de abril de 1984, en el aniversario de la batalla decisiva de 1818, además se constituye como otro de los puntos conmemorativos de la lucha emancipadora chilena ubicados dentro de la histórica comuna de Maipú.
El cerro está específicamente en el Paradero 15 de la avenida Los Pajaritos, pasado el cruce de Ramón Freire con la Autopista del Sol o Ruta CH-78. Ocupa un sector entre la calles Cecilia y Anunciación, hoy a escasa distancia de la Estación Metro Santiago Bueras. Con unos 90 metros de largo y una forma oval que se ha ido perdiendo por los trazados de las calles adyacentes, es considerado también el límite norte del Centro Histórico de Maipú, ubicado a unos 12 kilómetros del corazón de Santiago. Constituye una de las áreas verdes mas amplias importantes de la actual comuna maipucina, además.
Antaño, sin embargo, el cerrillo se percibía más bien como un peñón o loma de escasa seguridad y con senderos casi ruinosos, poco visibles y sin atractivo para el paseo del público. Geográfica y orográficamente emparentado con los cerrillos que también dan nombre a la vecina comuna estrechamente ligada a la misma Batalla de Maipú, a pesar de su deslucido aspecto siempre se tuvo noción de la importancia del cerro en las luchas independentistas. Fue así como comenzó el rescate y recuperación de este para la comunidad desde la primera mitad de los años ochenta, con la creación del parque. No obstante, debe otra parte importante de su actual aspecto a las mejorías y adiciones recibidas tras la construcción de la Autopista del Sol, misma que tocó (y se llevó, de hecho) parte de su costado norte, ya en la década siguiente.
El cerro tenía una historia propia antes de participar de los escenarios de la guerra, por supuesto. Fue denominado como Cerrillo de Errázuriz (por ser parte de los Cerrillos de Errázuriz del sector) y también Cerrillo Redondo, nombre que parece haber mantenido hasta mediados del siglo XIX. Era un punto de referencia -y es de suponer fue también de paradas- en el antiguo Camino de Los Pajaritos, la actual avenida. Esta ruta era llamada así por la cantidad de aves que la habitaban y que bajaban a comer los granos caídos de las carretas que iban desde o hacia el camino a Melipilla, a partir del siglo XVIII.
En algún momento, el collado recibió también el nombre Cerro Los Pajaritos, que se asomaba en el siglo XIX y deriva de su relación con el señalado camino y la hacienda así llamados. Más tarde, ya en la segunda mitad del siglo XX, fue denominado el Cerro 15 por estar en aquel paradero de la misma avenida, como hemos dicho. Si bien se oficializó después el de Primo de Rivera, todavía hay maipucinos que lo reconocen o prefieren aquel nombre no formal, remontado a los años setenta u ochenta.
En las guerras de emancipación el cerro tuvo su mayor protagonismo, en particular como una posición estratégica y militar. El coronel del Ejército de España, don Joaquín Primo de Rivera y Ortiz de Pinedo, estableció en él su posición con el primer cuerpo de las fuerzas realistas, a la espera de la Batalla de Maipú del 5 de abril de 1818. La vista que se lograba desde él por sobre los Llanos del Maipo justificaba la elección de esta posición, considerando también las desventajas en que se encontraban los realistas, carentes de buenas reservas y con una artillería menor que la de los patriotas. El coronel no sabía que con esta acción iba a asegurar su apellido para el futuro del mismo cerro, además, así como a la adyacente calle más al sur y hoy conectando la Circunvalación Américo Vespucio con la proximidad de Los Pajaritos.
Nacido en 1786, Primo de Rivera fue descendiente de los titulares del Marquesado de Estrella, concedido por Alfonso XII en 1877, en la misma familia del posterior militar Miguel Primo de Rivera y su hijo, el célebre falangista José Antonio Primo de Rivera. Joaquín resaltó siempre por sus virtudes guerreras con enorme valor y arrogancia, así como por la gran cantidad de reconocimientos que recibió en su corta vida, llegando a ser jefe de Estado Mayor de la segunda expedición de Mariano Osorio a Chile, en 1817, cuando tenía poco más de 30 años de edad. Tuvo una participación destacada también en la sorpresa de Cancha Rayada, misma que casi condena al fracaso toda la cruzada independentista tras un lamentable error del general José de San Martín.
Cuando las fuerzas realistas se prepararon para hacer frente a los patriotas en Maipú, entonces, en horas de la madrugada del mismo día el coronel Primo de Rivera ubicó sus fuerzas militares en este sitio al noroeste del que iba a ser el núcleo del campo de batalla, en el Cerrillo de Errázuriz. Estaba allí al mando de la compañía de Cazadores y parte de Granaderos, reforzados por cuatro piezas de artillería. La parte baja, en tanto, correspondiente al llano adyacente de unos 300 metros, quedó resguardada por el Regimiento Dragones de la Frontera, también bajo su mando. En el sector central, en cambio, estaban los dos batallones del coronel Lorenzo Morla y a la derecha los dos del coronel Antonio Ordóñez. 12 cañones distribuidos al frente y a ambos lados cerraban la línea de la artillería.
Cuando los ejércitos patriotas comandados por San Martín tomaron posiciones lo hicieron por el sector de Los Cerrillos, buscando cerrar el camino hacia Valparaíso en caso de un escape. Al centro ubicaron la Artillería de Los Andes con refuerzos de la reserva, en total tres batallones al mando del coronel Hilarión Quintana. A la izquierda iban tres batallones del coronel Rudesindo Alvarado, mientras que tres batallones del coronel Juan Gregorio Las Heras iban a la derecha, ambos apoyados por la Brigada de Artillería del mayor Juan Manuel Borgoño y del teniente coronel Manuel Blanco Encalada, respectivamente. Ocho escuadrones de Granaderos a Caballo y Cazadores se distribuyeron en las alas, a la derecha los primeros y a la izquierda los segundos.
A pesar de los intensos preparativos, la primera etapa de enfrentamientos fue más bien tibia, reducida a un inútil intercambio de artillería de una media hora, pues San Martín no quería tomar aún la iniciativa de bajar hasta el lugar de la hondonada que los separaba del enemigo y exponerse al mismo. Así, a pesar de tener la ventaja en número de caballería, con la reserva de la que carecían los realistas y las 21 piezas de artillería, el mando patriota tardó en decidir el necesario avance y prefirió la cautela. El Batallón Nº 11 de Las Heras se había ubicado incluso en un punto muy cercano al cerro en donde esperaba impaciente Primo de Rivera: en una loma menor ya desaparecida y casi a sus espaldas, más o menos en donde está ahora la esquina nororiente de calle Presidente Riesco con Santa Amanda.
Por fin, cuando se dio la orden de partir al choque, la división de Las Heras logró aislar el flanco izquierdo del resto del ejército español, por lo que las fuerzas de Primo de Rivera se vieron de pronto cercadas y prácticamente expuestas al adversario, a pesar de su ubicación. La división de Alvarado, en cambio, fracasó en su intento y fue repelida por un contraataque del coronel Ordóñez, el que provocó varias bajas con un castigo que habría tenido peores resultados de no intervenir a tiempo los patriotas la Brigada de Artillería y los Cazadores.

"Batalla de Maipú", Theodore Géricault, c. 1820. Atrás de San Martín y O'Higgins, el cerro de Primo de Rivera. Fuente: Santiago Nostálgico.

El cerrillo Errázuriz, después cerro Primo de Rivera, en plano de la Batalla de Maipú hecho por D'Albe y publicado en 1888. Biblioteca Nacional de Santiago.

Llano de Maipú y el monumento de los Vencedores de los Vencedores de Bailén en sus primeros años. Fuente: Radio Eme.

Acceso al actual Parque Intercomunal Cerro Primo de Rivera o Cerro 15.

Sector del cerro por su costado de calle Anunciación, en donde se removió mucho del mismo para abrir la vía.

Murales del sector calle Anunciación, con escenas culturales e históricas de la comuna.

Sector del mirador en la cumbre del cerro y el paseo.

Vista desde el mirador, en la posición que tomaron los realistas el día de la batalla.

Los senderos interiores contorneados por pircas modernas.

El morrillo o loma del cerro, por cuyo camino al pie se va hasta el sector posterior del parque.

La gran cruz del cerro, al centro del sendero general dentro del paseo.
Siguiendo las órdenes de Osorio y viendo que la audacia de Las Heras le arrebataba toda posibilidad de triunfo, entonces, Primo de Rivera envió a los Granaderos a defender la zona central de su línea de fuerzas. Allí se concentraba el ataque patriota, justamente. Procedió también a la reunión de sus tropas en un nuevo intento: el grupo suyo por la izquierda, el de Morla al centro y el de Ordóñez a la derecha, este último quedando al mando general cuando Osorio salió escapando hacia Valparaíso. Las piezas de artillerías fueron abandonadas en el cerro con esta acción, sin embargo, cayendo en manos de los patriotas cuando lo tomaron.
La caballería hispana había acabado dispersa al entrar la reserva patriota, en tanto. Los cañones de Borgoño parecen decidir la contienda y, tras una media hora de valerosa resistencia, los realistas no pudieron sostener por más tiempo semejante exigencia de energías. Intentaron un repliegue hacia el caserío de Lo Espejo, entonces, buscando atrincherarse y reorganizarse en la aldea pero siendo perseguidos sin cejar por los patriotas. En el caso de los hombres de Primo de Rivera, estos perdieron cerca de un tercio de sus Granaderos en el camino.
El Batallón Cazadores de Coquimbo intentó someter a los atrincherados en Lo Espejo con un fuerte ataque, pero fueron repelidos por las descargas de fusiles y un par de cañones que aún conservaban, produciendo muchas bajas patriotas. Esto obligó a la retirada y un cambio de estrategia de San Martín, quien ordenó un ataque con artillería que resultó tan devastador como eficaz. Ya sin posibilidades de defender más la posición, en consecuencia, Ordóñez y Primo de Rivera se rindieron a los patriotas marcando el final de aquella histórica jornada de lucha, en horas de la tarde. Con ellos fueron apresados también varios coroneles, tenientes coroneles, oficiales subalternos y soldados. La mayoría de ellos, incluido el propio Primo de Rivera, fueron conducidos a Santiago y luego a los campos de detenidos de San Luis de La Punta, en Cuyo, Argentina.
Inicialmente, los prisioneros de guerra fueron bien tratados. Primo de Rivera incluso agradecía a San Martín esta consideración, por oficio del 24 de septiembre de 1818. Sin embargo, el siniestro agente lautarino tucumano, Bernardo de Monteagudo, el gran ajedrecista detrás de los aspectos más oscuros y conspirativos de la cruzada independentista, llegó a San Luis a inicios de noviembre exigiendo restringir las libertades de los prisioneros y cometiendo abusos que estimularon la rebeldía entre los mismos. Surgió así un intento de amotinamiento del 7 de febrero de 1819, dirigido por el capitán Gregorio Carretero y con supuesta complicidad de las montoneras del general José Miguel Carrera, según lo que aprovecharon de señalar sus enemigos y acusadores.
El intento de levantamiento fue aplastado por las milicias de José Antonio Becerra. Acabaron derrotados, por esta razón, Ordóñez, Primo de Rivera, Morgado y Morla, entre otros. La venganza de los cuyanos fue implacable y, sabiendo cuál iba a ser su suerte, el coronel Primo de Rivera se encerró en un cuarto vecino al del teniente gobernador Vicente Dupuy, en donde se ejecutaba a los otros alzados, suicidándose con un tiro de carabina en la cabeza. Muchos aspectos de este sucio episodio histórico nunca quedaros claros y España acusó directamente a las autoridades rioplatenses por haber fraguado un plan para justificar las ejecuciones de los detenidos, bajo la excusa de la "ley de fugas". A pesar de la hipersensibilidad hispana determinada por el contexto histórico, la acusación no suena inesperada si involucra a un personaje pérfido como Monteagudo.
El cerrillo de Maipú, en tanto, permaneció guardando aquel testimonio de la valentía y desgracia de Primo de Rivera a inicios de la Independencia. Durante este período a fines del siglo XIX recibió también el nombre de Cerro Blanco o Loma Blanca. Tenía pequeños bosques esclerófilos enverdeciendo sus contornos y laderas, pero estaba lejos aún de la abundancia vegetal de nuestros días, pasando gran parte del año más parecido a un sitio eriazo.
Aún así, el cerro se destacaba en ese paisaje del sector en donde estaba el también histórico Fundo Los Pajaritos de la familia Vial Carvallo y en la avenida del mismo nombre, territorio de gran importancia para la agricultura central. Todavía sobreviven algunas propiedades recordando ese pasado rural y agrícola que prevaleció en el paisaje de tan transformados lugares, de hecho, en los bordes del Zanjón de la Aguada. El caso más notable y próximo al cerro es el de la Quinta Las Rosas, aún existente con su hermosa mansión victoriana en Los Pajaritos con Camino La Farfana, casi enfrente del sitio de nuestro interés. Hasta ella había llegado a pasar sus días de descanso o veraneos a fines del siglo XIX el futuro presidente Germán Riesco, en lo que había sido antes el fundo Loma Blanca de la familia Llona.
Pero la ciudad crecería alrededor y los vecinos antiguos de Maipú coincidían en decir que parte del terreno original del cerro se perdió. Por ejemplo, fue cercenado lo que había de él hacia la calle Primo de Rivera (alguna vez colindante, hoy separada por calle Anunciación) en donde se construyeron villas, así como su continuidad hacia el norte hoy abruptamente cortada por las autopistas. El cerro sufrió fuertes modificaciones por intervención humana en los tiempos que siguieron, no sólo por las calles robando parte del mismo, entre ellas la propia vía Los Pajaritos. Hubo también extracciones de áridos en el mismo: rocas, piedrillas, arena, maicillo, escorias para sapolio, etc. Se recuerda incluso que la aparición de reliquias militares en él motivó a algunos ilusos a excavarlo buscando armas antiguas y hasta supuestos tesoros sepultados. Grandes cambios urbanísticos comenzarán en los años cuarenta en todos aquellos barrios, además, como consecuencia de las políticas de desarrollo impulsadas por la CORFO y de la absorción de las comunas que antes pertenecían a las áreas residenciales suburbanas de la capital.
En el aniversario de la Batalla de Maipú en 1984, el entonces alcalde de la comuna, don Gonzalo Pérez Llona, inauguró en el cerro el gran parque urbano con senderos, arboledas, miradores y caminos de pircas modernas que se hizo construir por iniciativa municipal. Pérez Llona era agricultor y hombre de mucho interés por las tradiciones históricas chilenas, particularmente en las de su comuna, figurando como uno de los principales fundadores de la Federación del Rodeo Chileno y de la Federación de Criadores de Caballos Chilenos. El acto de apertura del paseo contó con la bendición del cerro, entonces llamado Parque Municipal Los Pajaritos, mientras que el principal sector del mismo era la Plaza Ceremonial Coronel Primo de Rivera, nombre que se extendió a todo el mismo lugar.
Llevando así el apellido del aguerrido y sacrificado coronel Primo de Rivera, entonces, contaría desde aquel momento con los caminos peatonales entre sus áreas verdes y pequeñas alamedas, además de algunos implementos necesarios para hacer más grato el paseo por sus rincones. Dignidades merecidas para uno de los símbolos in situ sobre la historia final del período colonial y el triunfo del independentismo en el territorio chileno.













En 1991, por Decreto Supremo N° 66 del 22 de febrero, el cerro Primo de Rivera fue declarado Monumento Histórico Nacional. Es un título que luce con orgullo en carteles y el monolito que presenta al público visitante el nombre de este parque. La solicitud había sido formulada por el Club de Leones de Maipú, por oficio N° 7 del 16 de mayo de 1990, y por carta del presidente de la Filial Maipú de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, del 14 de junio de ese mismo año. La declaratoria se hizo considerando lo siguiente como fundamento:
...que el Cerro Primo de Rivera o Los Pajaritos, está vinculado a la Batalla de Maipú, lo que amerita su preservación, ya que constituye un testimonio histórico relevante de nuestro patrimonio histórico.
También hubo una remodelación posterior del lugar, ejecutada entre los años 1996 y 1997. Con ella se mejoró con el aspecto hasta llevarlo al que más o menos conserva ahora, resaltando su característica de Monumento Histórico Nacional y lugar de atractivo turístico con profunda significación para la cultura e historia de Maipú.
Pocos años después, el 9 de septiembre de 2000, el alcalde Herman Silva Sanhueza inauguró en una de las partes más altas del mismo, atrás de los miradores, un monumento religioso. Se trata de una gran cruz con un altar para el oficio sacramental (con la frase "Cristo ayer, hoy y siempre"), un sólido ambón (con la inscripción "Y el verbo se hizo carne") y una explanada para el público, además de las iluminaciones propias. Esta intervención provocó alguna controversia, sin embargo, pues se señaló que el alcalde demócrata cristiano estaba priorizando su credo personal por sobre el carácter histórico y de esparcimiento que tenía este sitio.
A mayor abundamiento, la cruz del monumento bendecida en aquella ocasión fue confeccionada en estilo modernista y con materialidad metálica. Mide 16 metros de altura y muestra en sus caladuras la imagen de Cristo en el calvario, de 8 metros. Es obra del escultor Luis Arturo Hevia Salazar, uno de sus grandes orgullos según confesó él alguna vez, ubicada junto a una caseta de vigilancia y control en el mismo sector del cerro, cerca de la bajada que da hacia calle Cecilia. La cara posterior del monumento religioso está alineada con la vista hacia el Templo Votivo de Maipú dos kilómetros al surponiente, combinando otra vez el tema de la fe con la historia local. Entre otros encuentros, en este pequeño santuario se realiza tradicionalmente la Misa del Gallo de cada 24 de diciembre.
Por un nuevo decreto, el N° 515 del 22 de diciembre de 2014, se modificaron los límites del área protegida del cerro incluyendo expresamente ahora un sector al norponiente que no estaba en la declaratoria de Monumento Histórico Nacional. Con la modificación, el área protegida del cerro Primo de Rivera alcanzaría aproximadamente a los 50.497,31 metros cuadrados. Para esto, se sustituyó la indicación original por el siguiente texto:
...limitando al Norte por el cierro del predio, al sur del canal Zanjón de la Aguada, al Sur con la línea de solera norte de la calle Anunciación; al Oriente con la línea de solera de la calle Cecilia y a Poniente con la línea de solera de la Avenida Los Pajaritos.
Aún quedan en el cerro representantes de la vieja flora esclerófila como litres, boldos y quillayes, además de ejemplares de espino y tebo creciendo sobre jardines de césped, chépica, triguillo y hierba de perdiz. Las aves que visitan y anidan en el lugar continúan recordando al visitante por qué la avenida se llamó hace tanto tiempo ya Camino de los Pajaritos. Una gruta con la Virgen del Carmen (patrona de las armas de Chile y de la Independencia) está en la ladera junto al ingreso y las escaleras de ascenso, además. Un gran mural artístico con una síntesis de personajes y episodios de la Independencia de Chile y otros pasajes culturales de la comuna colorea las murallas del cambio de nivel surgido por los desmontes del sector de la calle Anunciación.
Permaneciendo abierto desde la mañana muy temprano hasta el anochecer, el lugar ha sido espacio de algunas actividades deportivas y fiestas particulares, como matrimonios o celebraciones especiales. Durante la alcaldía de Cathy Barriga fue incorporado también a eventos ciudadanos más masivos y celebraciones que le dieron una nueva vida y atractivo, aunque muy en sintonía con el particular estilo de la alcaldesa, en ciertos casos. Algunas voces han reclamado por haberse destinado este Monumento Histórico Nacional a actividades recreativas como el festival Maipeluza de Fiestas Patrias, por ejemplo, incluso sin consulta al organismo según denunciaron en su momento agrupaciones vecinales y al menos tres concejales.
Cabe comentar que incluso una sociedad mapuche llamada Tripay Antü salió al baile en esos días, protestando por la situación y alegando contra los daños que provocarían dichos encuentros y espectáculos en el lugar. Empero, como ciertas agrupaciones indígenas realizan sin problema en el cerro sus celebraciones del Wiñol Tripantü o Año Nuevo Mapuche en junio de cada año, entre algunos vecinos de la comuna se estimó a estas protestas como una mera mezquindad por parte de la mismas agrupaciones, pretendiendo impedir en él celebraciones que no fueran las reservadas sólo para su concepto y calendario.
Más allá de las pasiones y la política es innegable, sin embargo, que el encuentro dieciochero iniciado en 2017 allí contó con la autorización del Consejo de Monumentos Nacionales,. Por otro lado, tanto el atractivo del ahora llamado Parque Intercomunal Cerro Primo de Rivera como su infraestructura disponible han mejorado notoriamente en los últimos años y tras haber pasado por algunos períodos deterioro. Se inauguró también una entrada universal al mismo el 3 de septiembre de 2018, la que facilita el acceso a personas discapacitadas y de la tercera edad.
El cerro cuenta en la actualidad con máquinas de ejercicios, senderos para trote y bicicleta, juegos para niños, mesas de ping-pong, baños, carros de comercio y elementos para la recreación general, En la terraza de lo alto aún se realizan algunas de sus celebraciones, además de lucir las astas de las banderas que conmemoran su calidad de sitio histórico.
Por todo lo descrito, entonces, un cerro que era escasamente conocido fuera de los habitantes de Maipú ha ido cobrando interés en el resto de los santiaguinos como estupendo lugar de esparcimiento, eventos y conmemoración popular. Conserva en su identidad el recuerdo de los tiempos en que era un hito del colonial camino escoltado por las aves al poniente del Santiago de la Nueva Extremadura y del último intento español por recuperar el poder después de su derrota en Chacabuco, en lo que hoy recordamos como la Patria Nueva y el inicio de la vida independiente de Chile.
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