EL POLVORÍN COLONIAL DE LA EX CÁRCEL DE VALPARAÍSO

El ex Polvorín, en imagen de los archivos del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural (33°02'46.7"S 71°37'40.3"W).
El cerro Cárcel de Valparaíso se eleva en uno de los sectores históricos más visitados de este puerto chileno, muy cerca de los patrimoniales cementerios en el cerro Panteón y encima de un barrio con fuerte acervo bohemio y nocherniego, crecido sobre la plaza Aníbal Pinto. Su nombre deriva de la presencia de la antigua Cárcel de Valparaíso en su cima, por el sector de la subida de Cumming, Milton, Cárcel y Aquiles Reed, con su inconfundible fachada, pabellones y murallones de sillares convertidos hoy en el amplio y activo Parque Cultural de Valparaíso.
La historia de la vieja cárcel comienza, sin embargo, con la construcción del pabellón para almacén de pólvora sobre la Quebrada Elías, en lo que era por entonces en la periferia alta del puerto. Denominado Polvorín Colonial, Polvorín Central o Casa de Pólvora, esta antiquísima estructura fue hecha de ladrillo cocido simple y unido con argamasa. Se la diseñó en forma de bodega con techo en bóveda encañonado también enladrillado y con mojinete superior. La edificación aún existe en medio de los patios del parque, siendo una de las atracciones arquitectónicas más antiguas de Valparaíso.
Se trata de un edificio construido hacia los últimos días de la Colonia, probablemente entre 1806 y 1809. Fue dispuesto allí como parte de las reacciones y precauciones hispanas ante las necesidades de defensa que provocaron las Guerras Napoleónicas. Representa también a uno de los pocos casos con techo de mojinete o caballete que quedan aún en pie dentro de la Zona Central, ya que esta solución constructora, si bien se conoció en Santiago y Valparaíso, se usó con mucha más intensidad en la arquitectura popular y religiosa del sur de Perú y el actual territorio norte de Chile.
El almacén de pólvora tenía como objetivo almacenar y abastecer de este material explosivo a cuatro fuertes en la entonces denominada Villa Puerto de Valparaíso, de acuerdo al plan de defensa elaborado por sus autoridades ante las posibles amenazas europeas proyectándose sobre las costas americanas. Con capacidad para guardar hasta 800 quintales de pólvora bajo su cielo en arco medio punto, también se convirtió en arsenal militar, guardándose allí las armas de Valparaíso.
Empero, en su momento hubo ciertas controversias entre encargados y solicitantes de la obra, principalmente por los costos que involucraba la construcción del mismo edificio. Influyó en esto la exigencia expresa el capitán de ingenieros, don José Miguel María de Ateros, respecto de que la Casa de Pólvora fuera suficientemente sólida y segura como para soportar incluso bombas y artillería enemiga. Esta resistencia es lo que ha permitido que el mismo pabellón sobreviva en nuestra época, superando incluso pruebas tan devastadoras como los terremotos de 1906, 1985 y 2010.
Sucedía paralelamente que, hasta entonces, el principal recinto penitenciario de Valparaíso era el fuerte del Castillo San José del Cerro Cordillera. Pasados ya los peligros de ataques al puerto y requiriéndose de un mejor lugar para la reclusión de los delincuentes en plenos días jóvenes de la República de Chile ya independizada, las nuevas autoridades cambiarían drásticamente el destino de expolvorín: comenzaría a funcionar como presidio de la ciudad a partir de 1846, junto con algunos inmuebles menores que se encontraban alrededor. Sus más bien limitadas proporciones interiores bastaban para el número de reos de aquellos años.

Cárcel de Valparaíso c.1863, construida alrededor del viejo Polvorín Colonial. Fuente: Flickr de Santiago Nostálgico, de Pedro Encina.

Pabellones y talleres del complejo penitenciario, en revista "Sucesos", 1903.

El asesino serial Emile Dubois en una de sus últimas fotografías antes de la ejecución. Pasea por la Cárcel de Valparaíso en 1907. Revista "Sucesos".

Muchedumbre asistiendo a la ejecución de Dubois, en revista "Sucesos" de 1907.

Aspecto del expolvorín y su entorno en los patios, en días de visita a la cárcel en los setenta. Imagen publicada en el sitio del Parque Cultural.
La presencia del presidio allí fue determinante en la toponimia, como hemos dicho, pues los habitantes del clásico Valparaíso identificaron a este monte como el Cerro de la Cárcel. Así quedó, entonces, siendo conocido hasta ahora como cerro Cárcel. Y es que, por largo tiempo, el complejo penitenciario era lo único realmente importante en todo el cerro, situación que se mantuvo por décadas. Cierta versión defendida por Armando Braun Menéndez en "Cambiazo, el último pirata del Estrecho", además, asegura que el sanguinario teniente Miguel José Cambiaso, capturado tras su violenta sublevación en la colonia de Punta Arenas contra el gobierno de Manuel Montt y en muy posible complicidad con el revoltoso Francisco Bilbao, fue fusilado el 4 de abril de 1852 en las puertas de la cárcel. Esta clase de espectáculos para el morbo se iba a volver atracción para los curiosos, llegando a veces en masa hasta el lugar cuando se anunciaba alguna ejecución.
Por su parte, Recaredo Santos Tornero comenta en el "Chile Ilustrado" de 1872 que, a pesar de las limitaciones de espacio dentro del penal, su actividad excedía incluso a la de Santiago, entrando a ella 3.034 personas en 1868, equivalente a un prisionero por cada 41,9 habitantes. Para el año siguiente entraron a los calabozos 1.947 personas, siendo 1.404 de ellas hombres y 543 mujeres, pues además del presidio principal se encontraban en el recinto las secciones de la casa de corrección de mujeres y la casa de detención de procesados.
Por supuesto, a esas alturas el espacio del expolvorín ya se había hecho minúsculo, de modo que debieron irse habilitando nuevas dependencias destinadas a la reclusión, comedores, servicios higiénicos, etc. Sin embargo, el mismo Tornero señala que el edificio nuevo ya había quedado pequeño también ante la demanda de espacio: por su condición de puerto y centro comercial, pues, el crimen en Valparaíso había cundido en forma campante.
No pudiendo postergar por más tiempo el problema, hacia la década del 1880 el terreno del cerro fue cedido por la Municipalidad de Valparaíso a la administración estatal directa. Así comenzaron a habilitarse nuevas dependencias al rededor de este primitivo pabellón del expolvorín, así como a ampliarse otras que ya existían a la sazón, fundamentalmente con fondos gubernamentales. Entre otras cosas, de esta gran intervención surgió la plazoleta arbolada que existe en el acceso al recinto, conocida como la Plazuela de la Cárcel, sobre el sector del antiguo estaque de aguas y la Quebrada Elías.
Siete años después de haber servido como reclusorio para prisioneros de la Guerra Civil de 1891, en el "Álbum de planos de las principales ciudades y puertos de Chile" de Nicanor Boloña puede verse que el recinto completo es rotulado como "Cárcel y Presidio". Ocupaba una manzana solitaria más o menos cuadrada, por entonces aún bastante aislada del resto de la ciudad. También se observa en su plano que, hacia el lugar en donde se emplazarían después los largos pabellones del lado oriental del terreno, se encontraba en esos días una amplia franja con caballerizas.
Tras el gran terremoto de 1906 se inició la construcción de la nueva y moderna Cárcel Pública en el mismo lugar, demoliéndose casi todos los precarios inmuebles viejos del terreno, excepto el histórico Polvorín Colonial. El más grande de los edificios que formó parte del conjunto fue el que comenzó a construirse aquel año de 1907, correspondiente a la Galería de Reos que abarca todo el costado del recinto Este es el período en que caerá detenido también el célebre asesino serial francés Emile Dubois, primero de esta clase de criminales en la historia policial chilena, a quien la tradición y el folclore han tratado de convertir en una suerte de héroe o mártir popular. Tras pasar el terremoto en una de las celdas del complejo viejo, fue fusilado en el sector de una desaparecida herrería de la cárcel el 26 de marzo de 1907, evento que también convocó a muchos curiosos que subieron para presenciar la ejecución o sólo escuchar la descarga de fusiles.
Pero la delincuencia continuaba subiendo en el Primer Centenario, por lo que la situación de hacinamiento era otra vez realmente dramática en el penal. Juan de Dios Ugarte Yávar lo advertía en su trabajo "Valparaíso 1536-1910. Recopilación histórica, comercial y social". También señalaba que el edificio principal ya estaba en claro estado de vejez.

El pórtico de la ex Cárcel, observado desde el interior de la misma.

A la izquierda, el expolvorín colonial; al centro atrás, acceso con el pórtico, y a la derecha, exgalerías de reos.

El ex polvorín al centro del patio, mirado desde la terraza del Edificio de Difusión. Fuente sitio Pcdv.

La casa del polvorín con su acceso frontal. Imagen de Carlos Figueroa Rojas en Wikipedia.

Arcos y acceso posterior del expolvorín, usado como calabozos en el siglo XIX.

Interior del mismo edificio, con vigas, pasarelas y refuerzos estructurales.

Restos de antiguos murallones y estructuras rescatados en los trabajos de remodelación del recinto. Dispuestos enfrente del edificio del acceso.
A pesar de los esfuerzos y las denuncias, el mal estado de la cárcel se mantuvo por largo tiempo, incluso cuando fue lugar de algunas reclusiones de carácter político en los años setenta. Las visitas de familiares a los presos se hacían por entonces en un patio justo al costado de la ex Casa de Pólvora, ya cada vez más reducida en su utilidad por aquellos años. El hacinamiento facilitó también que sucedieran varias riñas con resultados de muerte en los pabellones y motines de presidiarios que pueden rastrearse por la prensa.
Un violento intento de incendiar el complejo, por parte de reclusos amotinados en 1994, comenzó a escribir el capítulo final de la Cárcel de Valparaíso. Sólo pudo ser mantenida en funciones hasta 1999, cuando el servicio se trasladó completo hasta nuevas dependencias en el puerto y en el sector más alto de la ciudad. El viejo recinto fue abandonado y quedó con algunos sectores del mismo muy deteriorados, al borde del derrumbe y habitado por terroríficos fantasmas, de acuerdo a la leyenda difundida por los intrusos quienes invadían el lugar sobre todo en las noches, para cometer algunas travesuras.
Recién hacia el cambio de siglo la excárcel empezaría a ser recuperada, haciéndose después visitas guiadas en cada Día del Patrimonio Cultural. Comenzó a planearse entonces el proyecto para convertirla en el Parque Cultural de Valparaíso (PCdV), lo que involucraría despejar sectores ruinosos de la misma y agregar áreas verdes, entre otras intervenciones. El rescate llegó en el momento oportuno, pues se competía con las intenciones de un proyecto inmobiliario anunciado en 2002 y que fue trazado desde Santiago con gran resistencia de los porteños.
En la segunda etapa del proyecto, anunciada en octubre de 2007 por la Municipalidad de Valparaíso, se tomó incluso una propuesta del famoso y elogiado arquitecto brasileño Óscar Niemeyer ofrecida a la ciudad. Pero, como esta idea no era original sino la adaptación de otro proyecto suyo, implicando también la destrucción de la totalidad de lo que quedaba construido en el ex recinto carcelario, entre otras negatividades, acabó siendo descartado por completo. De todos modos, el recinto había ido siendo ocupado a la sazón por colectivos culturales y de teatro, además de carpas de circo. La situación se complicó al reportase incendios en el lugar y por causas no aclaradas, que motivaron a la Intendencia para ordenar un desalojo en febrero de 2009.
Sin embargo, cediendo a las demandas ciudadanas manifestadas a través de la Corporación Parque Cultural Ex Cárcel, el Ministerio de Cultura llamaría a concurso de propuestas para el Parque Cultural de Valparaíso. Contempló como requisito en las bases la conservación del Polvorín Colonial, junto a la galería de reos, el pórtico de acceso y parte del muro perimetral. De entre 118 propuestas, entonces, resultó ganadora la formulada por la firma HLPS Arquitectos (de Jonathan Holmes, Martín Labbé, Carolina Portugueis y Osvaldo Spichiger), ese mismo año en los preparativos para las celebraciones del Bicentenario Nacional.
Las obras fueron ejecutadas entre 2010 y 2011. Se despejó por completo el sector de patios dejando al expolvorín aislado y visible desde todos sus costados, además de incorporarle refuerzos interiores al cielo y los muros del pabellón. Se creó la gran área verde en el área abierta y se agregaron dependencias nuevas por el surponiente: el Edificio de Difusión, con salas de teatro, bibliotecas y salas de experimentación artística, entre otras funciones. También se recuperaron otros de los edificios ya existentes, el principal de la fachada y las ex galerías de reos. Finalmente, se construyó el paseo interior de senderos y se niveló el muro perimetral del recinto.
La magnífica obra del centro cultural fue inaugurada con actos públicos y su dirección quedó confiada al crítico de arte y muy activo gestor cultural Justo Pastor Mellado, quien se mantuvo en el cargo hasta el año 2014, dándole un gran impulso al inicio de actividades del flamante parque de la cultura. En parte gracias a su gestión y las siguientes la "Casa de Polvora y la Cárcel Pública" fueron declaradas Monumento Histórico Nacional por Decreto Nº 14 del 12 de marzo de 2019.
El Polvorín Colonial es el inmueble más antiguo de todo conjunto y la principal atracción histórica del parque. Su acceso al interior está restringido, sin embargo, a pesar de los refuerzos incorporados para su seguridad y conservación. Después de los despejes y de la instalación de las aéreas verdes quedó ubicado al centro del gran terreno de dos hectáreas del parque. En tiempos de la crisis sanitaria se anunció un proyecto del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural para evaluar restauraciones en él y destinarlo a un museo arqueológico o sitio de memoria histórica, por lo que puede haber novedades aguardando por su momento.
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