LAS CASAS CON MOJINETE EN LA ARQUITECTURA SUR-PERUANA

El último inmueble con mojinete y en pie en el centro mismo de la ciudad de Arica (18°28'40.82"S 70°19'12.58"W).

Entre otros escasos ejemplos de esta arquitectura que quedan aún en Arica, y a pesar de encontrarse prácticamente desmantelado ya, un caserón con mojinete sobrevive en el sector céntrico y comercial de la calle peatonal Bolognesi. En sus mejores tiempos fue una de las pocas viviendas exponentes de dicha característica constructiva en esta ciudad al norte de Chile, con probablemente no más de seis o siete casos más los distribuidos también hacia el valle de Azapa y parte de la Región de Tarapacá.

Todos aquellos inmuebles con mojinete están remontados a la época de la bandera peruana sobre los territorios, por eso su presencia tan específica en esas regiones. Otro caso interesante está muy cercano, de hecho, en una residencia de cuatro mojinetes en calle Patricio Lynch llegando a San Marcos, a espaldas de la conocida y patrimonial Casa Copaja. También marchan a su extinción, sin embargo: resultaron gravemente dañados por un incendio a principios de octubre de 2014. Tenemos por el lado de los caminos al Valle de Azapa, además, el grupo de mojinetes de la esquina de Santiago Flores con Las Chilcas, en donde funcionaría un conocido pub. Estos son al menos tres techos, incluyendo uno bastante alto y que parece más moderno. Otro muy conocido es el inmueble del café y restaurante Puro Chile, ubicado en la Carretera Internacional CH-11, en el empalme de la Ruta A-17 y cerca del puente de Poconchile.

El tema de las casas de mojinete involucra varios aspectos históricos, incluso algunos de alcances nacionalistas y orgullos patriotas. El hilo del pasado retrocede entonces hasta sus tiempos coloniales y los de sus tierras de origen, pasando por la República, las soluciones de la arquitectura criolla y mestiza, los cambios de administración de los territorios, las guerras, la transformación poblacional, el desplazamiento de los referentes culturales, etc. Incluso hubo ejemplos muy al sur, como algunas residencias en torno a la Plaza de Armas de Santiago, o el polvorín colonial en donde estuvo la ex Cárcel de Valparaíso y otro polvorín que abastecía al Fuerte San Carlos de Ancud en Chiloé, quizá siendo este el caso más austral de mojinetes que quedan en pie desde aquella época.

Partiendo por lo más elemental en este asunto, entonces, debe observarse que el mojinete es, en términos simples, una forma del techo romo con una línea plana biselada, llamada por algunos también caballete o albardilla. Esta cara plana o más o menos tal se sitúa de cara al cielo entre las dos aguas principales del techo, donde iría el vértice de la juntura entre ambas. Vista desde su frente más estrecho, entonces, los niveles altos de las viviendas con techo de mojinete tienen una inconfundible forma de trapecio, derivada del mismo acople de las partes.

Según parece, por estos lados de la América Hispánica tal mojinete se convirtió en un elemento muy característico de la arquitectura asociada principalmente al barroco virreinal y al período colonial tardío. Esta tendencia se concentra muy en particular entre los siglos XVII, XVIII y XIX. Las últimas casas con el rasgo se hicieron en el siglo XX, sin embargo, pero casi como una suerte de inercia, empujada desde el período anterior y conviviendo con el mismo tiempo en que había comenzado la retirada y destrucción de los antiguos inmuebles exponentes de esta identidad, ya perdiendo su impulso.

Cabe indicar que también se han manifestado en el sur de Perú y en el norte de Chile ciertos casos de aparente restitución del mojinete como solución arquitectónica. Es lo que se observa, al menos, en algunas falsas mansardas en casas de residenciales o villas nuevas. Parece ser, también, que ha existido cierto interés por reponerlos, patrimonialmente hablando, más allá de la funcionalidad, la estética o el falso histórico: un posible "redescubrimiento" del mojinete como elemento cultural e identificador de estos territorios, aunque no ha pasado de ser un tibio entusiasmo, casi romántico.

Mojinetes en la ilustración de Mauricio Rugendas del mercado de Tacna, hacia 1842.

Abundantes techos de mojinete en Tacna, hacia 1880. Al fondo las torres de la catedral. Hoy sólo quedan algunos casos exponentes de esta característica. Fuente: Chile del 1900.

Mojinetes tacneños en el tercer piso de las suntuosas residencias. Fotografía fechada hacia 1903. Fuente: sitio Chile del 1900.

Pintura al óleo de un autor apellidado Morales, en restaurante típico enfrente del Mercado de Tacna. Aparecen techos de mojinete en un contexto más rural.

Obra pictórica de una conocida casona tacneña de avenida Bolognesi llegando a Chiclayo, en el Museo Casa Zela.

Fotografía de la misma casa de Bolognesi, una de las más antiguas con mojinete en Tacna. Se remontaría al siglo XVIII. Imagen: Museo Casa Zela.

Vista actual de la casona colonial de mojinetes de avenida Bolognesi, Tacna. Es uno de los inmuebles más  representado en el turismo y la publicidad.

Otra típica casa popular tacneña con mojinete, en visita a la ciudad en 2013.

Con relación a su presencia en Tacna, por ejemplo, se han realizado seminarios y ciertos estudios alrededor de dicha forma de arquitectura, pero tampoco estamos al tanto de si esto ha tenido resultados concretos en la conservación o reaparición de tales casos dentro de la construcción popular de viviendas. En Chile el encanto es aún menos, principalmente con los casos ariqueños como el representado por el mencionado inmueble histórico de calle Bolognesi, mismo que fue quedando cada vez más vetusto e intervenido en sus últimos años de servicio, albergando en sus bajos a cafés y bares.

La tradición oral, por otro lado, reporta algunos antecedentes interesantes sobre las propiedades de estos techos de caballete y su posible utilidad en tiempos olvidados. Recordemos relatos como los bosques perdidos de Tarapacá, por ejemplo, relacionados con la creencia local representada en una frase de origen español que, sin embargo, repetían los abuelos de las localidades de Pica y Matilla describiendo un clima de ciertas lluvias bastante diferente al actual: "Enero poco, febrero loco, marzo y abril aguas mil", creemos que aludiendo en parte al fenómeno de llamado invierno altiplánico. Los techos de mojinete, justamente, suelen asociarse a un clima con cierta presencia de lluvia y brumas espesas, con la tradición agregando que tal tipo de clima existía estacionalmente en gran parte territorio antes de volverse totalmente seco, tras uno de los terremotos de la segunda mitad del siglo XVIII según la misma conjetura.

Pero hay más: la leyenda dice que el aspecto árido y extremo del territorio tarapaqueño y sur-peruano que le conocemos ahora, se consolidó durante la siguiente centuria, prolongándose hasta nuestros días sin cambios. ¿Tendrán los altos y techos de mojinete, entonces, alguna relación con características climáticas ya perdidas, o relegadas a condiciones asociadas a períodos muy específicos del año pero también retrocedidas?

Las casas con dicha característica y que figuran entre las más antiguas se hacían con técnicas de adobe y quincha, sobre un armazón de vigas de madera y esteras o tejidos de caña revestidos del barro. Sin embargo, con el tiempo fueron apareciendo otros materiales más ligados a la albañilería moderna e incluso adiciones de piedra canteada, con interesantes resultados.

Si bien el mojinete fue tal característica urbana rotunda de estos territorios sur-peruanos, tanto en las urbes como las aldeas e incluso en templos antiguos, los ejemplos se irían perdiendo en los territorios de Arica y Tarapacá, especialmente después de pasar a manos chilenas después de la Guerra del Pacífico. La consecuencia de este retiro progresivo es que aquel caserón que sobrevivió a duras penas en Bolognesi y otros más de la provincia, terminaron siendo de los últimos de su generación. Sus formas se pierden y modifican en el mejor de los casos, pues casi todos acabaron demolidos.

Los demás casos rastreables en Arica también están prácticamente desaparecidos o bien son de épocas posteriores. Había, por ejemplo, unos restos ocultos tras las fachadas al final de calle Colón, cinco o seis casas antes de llegar al Mirador de la Virgen del Carmen, más modernas según parece. Más arriba, desde la altura del Morro y observando con detención los techos antiguos, casi se puede adivinar qué casas tuvieron este tipo de remate en el pasado, quedando pocos rastros del mismo o definitivamente ninguno en ellas.

Algunas antiguas viviendas aparecían también por el camino hacia los valles de Azapa y Lluta, muy aisladas y destruidas desde hace décadas. Como dato curioso, además, pueden hallarse casos especiales como el de una pintoresca residencia imitando el estilo de su fachada hacia la avenida Montt, justo al lado del conocido boliche bohemio llamado La Picá del Chino. En alguna parte de la memoria ariqueña siguen vivas, entonces.

Antigua fotografía en el Flickr Santiago Nostálgico, con Arica vista desde el Morro. Se observa la casona de mojinete de calle Bolognesi.
Vista desde el Morro de Arica en 2013, con la ubicación de la casa.
Acercamiento a la casa vista desde el alto mirador del Morro de Arica en 2013.

Casona de calle Bolognesi en Arica, vista desde el edificio de calle Prat.

Parte del techo visible desde calle Bolognesi, sobre los restaurantes que ocupan sus bajos. Después quedó en peor estado que el de la imagen

Los dos locales que se ubicaron en el primer piso de la ex casona: el Ribu's y el Nuestro Bar.
Mojinete de otra casa visible desde el Morro, al final de calle Colón, aunque esta era de factura nueva.

Otro caso ariqueño: dependencias posteriores a la Casa Copaja en San Marcos con Patricio Lynch (18°28'52.32"S 70°19'6.89"W).

Iglesia de San Lorenzo de Tarapacá. El templo fue reconstruido tras el terremoto de 2005, pero conservó sus mojinetes (19°55'25.4"S 69°30'40.3"W).

Tacna, Moquehua y algunas aldeas intermedias del sur de Perú, en cambio, todavía tienen buenos casos a la vista, aunque son sólo una pizca de la abundancia de estos techos que alguna vez hubo allí. En la misma ciudad tacneña, de hecho, el artista germano Mauricio Rugendas retrató algunas viviendas de este tipo en una de sus ilustraciones, las que conoció durante su paso por allí hacia 1842. Sobreviven aún algunas casonas de mojinete en pleno sector céntrico, además, y otras en avenidas principales, si bien muchas han sido modificadas o definitivamente demolidas.

Hay ejemplos tacneños notables al respecto, como ciertos pabellones del museo de la Casa Zela (residencia de don Francisco Antonio de Zela e importante sede del proceso de Independencia de Perú), que tiene ciertas características de mansión, inclusive, demostrando que el estilo no se reducía a la arquitectura más modesta o meramente popular. Investigadores como el profesor cusqueño residente en la ciudad, don Sergio Loayza, han identificado -en pie aún- a una de las casas más antiguas: corresponde a un doble inmueble de avenida Bolognesi entre calles Arica y Billinghurst, obra del siglo XVIII casi enfrente de la plaza de palmares en el parque central.

Otros mojinetes tacneños son tan altos que hacen de tercer nivel en algunas de las casas más señoriales, aunque también quedando muy pocos ejemplos de ellos en pie, sin embargo. El poblado de Moquehua, por su parte, luce orgulloso sus casas de mojinetes ofreciéndolas como parte importante de su patrimonio turístico e histórico, situación en la que destacan las de su tradicional barrio Belén.

A pesar de las disposiciones para conservarlas en Tacna, todavía en nuestro tiempo muchas de ellas están desapareciendo, especialmente las de quincha y adobe más antiguas, casi como cayendo al peso de su propia vejez y problemas estructurales que las condenaron. Así sucedió hacia 2011, por ejemplo, con un inmueble ubicado cerca del cruce de las calles Blondell con Francisco Lazo, a un costado de la Catedral de Tacna, utilizado por un establecimiento educacional.

Hay unas pocas versiones intentando explicar el retroceso de las casas de tal característica, aunque sospechamos que algunas pueden provenir del folclore más que de la historia y las consideraríamos un tanto ingenuas o exageradas, inclusive. Por ejemplo, se oyen opiniones populares asegurando que la destrucción progresiva de las casas de mojinete en Arica fueron parte de la radicalización del controvertido proceso conocido como la "chilenización" de esta ciudad y la de Tacna, entre fines de la Guerra del Pacífico y hasta el Tratado de 1929, cuando se impuso la cultura, población y sentido de pertenencia chilenos en los exterritorios peruanos. En este sentido, se arguye que, supuestamente, se quiso eliminar también el rasgo urbanístico y arquitectónico de influencia sur-peruana de la urbe, precisamente el de las clásicas casas con su característico techo plano.

Más verosímil parece, sin embargo, la idea de que muchas de estas viviendas habían sido levantadas o reconstruidas con cierta prisa -de manera parcial o total- después de los terremotos con maremotos de 1868 y 1877. La factura y resistencia de sus materiales ante posteriores cataclismos demostró no ser la adecuada, entonces. Esto haría que fueran progresivamente cambiados sus techos por otros más sólidos, amplios y aislantes, y también reemplazadas casas completas por otras de albañilería en concreto, quedando cada vez menos ejemplares de esta arquitectura.

Casa con mojinete de Tacna, lamentablemente alcanzada por la destrucción.

Inmuebles en avenida Bolognesi con Pacheco de Céspedes en Tacna. Nótese los diseños barrocos bajo las coberturas poco afortunadas de estuco.

Casa museo Zela y un inmueble de mojinete adyacente.

Interior del techo de mojinete de madera en uno de los pabellones de la Casa Zela.

Una de las pocas casonas con doble mojinete de Tacna y tres pisos más balcón volado.

Caserón tacneño sede por entonces de una entidad relacionada con niños autistas.

Otra conocida residencia tacneña de avenida Bolognesi, en la esquina con Gil de Herrera.

Otro viejo caserón de Tacna, ya en los descuentos de su existencia.

Mojinete frontal y otro lateral, en caserón tacneño.

Con relación a lo anterior, sin embargo, debe recordarse que muchas casas "modernas" de Arica, muy en especial las que ofrecen influencias con rasgos simplificados y más modestos de la escuela del art decó en su estilo, habrían comenzado a levantarse en los años treinta. Es el período al que correspondía este movimiento artístico y que coincidía, además, con la seguridad de que Arica permanecería definitivamente en Chile por virtud del Tratado de 1929. Varias fachadas ariqueñas en art decó llevan el año inscrito, por cierto, precisando que corresponden a esta etapa concreta de la historia local, pasado ya el proceso de "chilenización" como tal.

Especulando un poco, aquello pudo originarse también como una tendencia destinada a aprovechar mejor los espacios altos que las clásicas residencias de mojinete, ya que este tendía a reducir notoriamente el espacio de los altos. Nos preguntamos, por lo mismo, cuántas de estas residencias que ahora lucen fechas de fábrica en la década del treinta y hasta unos años después y que se encuentran en distintos sectores de Arica, habrán sido edificadas quizá sobre lo que antes fueron hermosas e históricas casonas con la vieja techumbre roma... Hoy sólo podemos conjeturar al respecto.

Según parece, la construcción de residencias con mojinete en todos estos territorios, tanto al norte de Chile como el sur de Perú, duró más o menos hasta ese mismo período de 1930 a 1940, ya muy menguada y debilitada como tendencia arquitectónica. Por esta razón no hemos podido encontrar noticias de inmuebles importantes con esta característica y que hayan sido levantados después de dichas fechas, salvo reconstrucciones de edificios ya destruidos o sólo dañados.

El fenómeno del retroceso no ocurrió únicamente en Chile, entonces, por notorio que sea el mismo en Arica más que en el sur de Perú. Esto ayudaría a demostrar lo impreciso y peregrino de la idea de una especie de "cruzada" de animadversión chilenizadora contra las mismas. Muchas de estas bellas casonas, además, se han perdido también en Tacna y localidades cercanas, como dijimos, cuando la ciudad ya estaba de regreso a manos del Perú y a pesar de las varias que existen todavía allá, del mismo modo que sucedió en Arequipa y Moquegua. Dicho sea de paso, Perú perdió muchas otras de estas bellas viviendas debido al fatídico terremoto del 23 de junio de 2001.

En contraste, también se sabe que muchas casas de aquel diseño sí se conservaron y fueron respetadas al interior del territorio chileno de las regiones de Arica-Parinacota y Tarapacá, incluso en populares templos como el Los Molinos en Lluta y el de San Lorenzo de Tarapacá. No se vieron afectadas por los procesos de incorporación cultural del territorio ni cayendo víctimas de alguna clase de imaginaria inquisición urbanística, en consecuencia. No obstante, habría ido reduciéndose su abundancia más cerca de nuestro tiempo, a causa de los grandes terremotos que han azotado también esa región, especialmente en el último medio siglo.

Por decisiones particulares, por el inexorable paso del tiempo envejeciendo las ya ancianas estructuras y por la renovación indetenible de los siglos reflejada sobre el urbanismo, entonces, las casonas de mojinete fueron cayendo... Los testimonios de tiempos virreinales sucumbieron víctimas de una conspiración urdida entre el afán de progreso y los caprichos naturales, más que de algún oscuro propósito consensuado o alguna desidia contra ellas.

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