LAS CASAS DE LO MATTA EN VITACURA

Las Casas de Lo Matta (33°23'15.60"S 70°32'40.35"W).

La comuna de Vitacura en Santiago ofrece una característica bastante curiosa: es una de las que menos espacio tiene ya para seguir creciendo ante sus necesidades urbanísticas e inmobiliarias, algo complejo para una zona en donde existe una alta cotización del suelo, precisamente. Por este motivo, grandes espacios abiertos y aún con aire del campo colonial precordillerano del valle del Mapocho, como la sede de la Corporación Cultural de Vitacura en las llamadas Casas de Lo Matta, son tanto vestigios incalculables del pasado comunal y del valioso patrimonio para las generaciones futuras.

Las Casas de Lo Matta se encuentran en la dirección de avenida Presidente Kennedy 9350, cerca del cruce con avenida Padre Hurtado Norte, enfrente de donde está también el Club Palestino y el famoso centro comercial del Mall Alto Las Condes. Cercado su perímetro por rústico un muro con tejas fijas imitando una tapia de campo, el lugar se ubica ocupando media cuadra entre las vías de la Lateral de Kennedy, calle Lo Matta y Tupungato, con un sosegado barrio conservador a sus espaldas y en donde pueden encontrarse también algunas viejas tinajas, tejas coloniales y arboledas como las de patios y murallones que formaron parte de la antigua casona, en las épocas rurales de aquel sector del Gran Santiago.

Siendo más precisos, todos aquellos terrenos pertenecían antaño al extenso Fundo Lo Matta de Las Condes. Este había crecido, a su vez, sobre antiguos territorios ocupados por el clan del indígena Longopilla, en las comarcas correspondientes a la dirección del lonco de origen cuzqueño Butacura o Botacura hasta la llegada de las huestes hispánicas de la conquista del valle mapochino. De ahí el nombre de la comuna de Vitacura por corrupción fonética, justamente.

Se sabe que Butacura, como buen curaca mitimae, mantenía estrechas relaciones con la administración incásica prehispánica del actual territorio capitalino, representada en estas regiones por el gobierno del jefe Quilacanta en el Aconcagua. Residente con su clan en el sector del cerro San Luis, tomó la iniciativa de construir obras tales como los canales de regadío hacia Conchalí y después hizo cierta amistad y hasta complicidad con Pedro de Valdivia, pero la cordialidad con los españoles no tardó en romperse. Murió asesinado, no se sabe con exactitud si por otros indígenas que se consideraron traicionados al asistir y facilitar oro a los hispanos, o bien por castellanos codiciosos que intentaron apropiarse de sus míticas riquezas, cuya desaparición ha dado origen a algunas leyendas locales sobre enterramientos, minas escondidas y tesoros perdidos.

En 1544, Valdivia había concedido parte de las tierras de este lado del valle a doña Inés Suárez, a las que siguieron otras para Francisco de Aguirre, Juan Fernández de Alderete, Francisco de Villagra y algunos de los demás compañeros expedicionarios del conquistador en su llegada y fundación de Santiago. Así pues, el 30 de agosto de 1546, el Cabildo entregó a Francisco de Riberos una merced de tierras equivalentes a 200 cuadras en esos mismos exterritorios de Botacura, hacia el oriente de la pequeña ciudad de entonces y subiendo por el río Mapocho. Desde ese momento la chacra comenzó a ser explotada para la producción de viñas y frutas.

Al morir don Francisco, la merced pasó a su hijo el general Alonso de Riberos, y después a la viuda de este, doña Mariana Osorio. Como el matrimonio no había tenido hijos, ella repartió algunas fracciones del predio entre sus cuñados, quedándose con 118 de las cuadras originales. Cuando falleció, en 1620, la propiedad fue comprada por doña María de Alvarado, viuda del capitán Lorenzo de Riberos Figueroa. Poco duró en sus manos, sin embargo, pues ella la vendió en 1623, esta vez a don Diego de Mazuela.

Hacia inicios del siglo XVIII, la bucólica propiedad pertenecía a un marino francés: el capitán Luis de Caux, quien castellanizó su apellido como Coo en los orígenes de este linaje dentro del país. Por las sucesiones sería heredada en 1793 por su nieta doña Mercedes Coo Astorga, quien estaba casada con don Antonio Martínez de Matta y Casamiglia. Por esta muy patriarcal razón, entonces, el fundo sería conocido por la comunidad santiaguina como Lo Matta, perpetuándose hasta hoy con ese nombre.

Casas de Lo Matta, sector poniente hacia la actual explanada.

Bodegas interiores en Casas de Lo Matta. "La arquitectura en el Virreinato del Perú y en la Capitanía General de Chile", Alfredo Benavides Rodríguez.

Acceso al recinto del centro cultural de las Casas de Lo Matta, por el costado de avenida Kennedy.

Detalle del muro con tejas cerámicas imitando las antiguas tapias de campo, en el perímetro de la propiedad.

Vista del edificio principal completo desde la explanada, en donde estaban los patios del poniente.

Acceso por el lado posterior de la propiedad, hacia calle Tupungato.

Doble escalera exterior, por los patios del sector oriente.

Rosales en los patios del sector oriente de la propiedad.

Pasillo de balcones en el segundo nivel, sector oriente del caserón.

Lado posterior, con un pilar o columna esquinera de estilo colonial.

Los coloridos jardines de las Casas de Lo Matta, vistos desde el segundo nivel.

El matrimonio siguió explotando el terreno con actividades agrícolas, al parecer bastante intensas en alguna época. Ellos fueron quienes construyeron el gran inmueble principal de dos pisos que caracteriza al lugar, basado en el estilo de las casa tipo alquerías españolas, tendencia que había entrado en Chile hacia la segunda mitad de aquella centuria. Se calcula que esta enorme casona debió haber sido levantada hacia fines del siglo XVIII y concluida, probablemente, en los inicios del siglo XIX, casi en los años finales de la Colonia.

En cuanto a materialidad, la casa consta de gruesos muros de adobe con pilares de madera interior distribuidos en filas dobles en el nivel inferior, no así en el superior, nivel carente de ellas. Dispone de vigas travesañas y escuadras del mismo material en el techo, además. Son dos pisos independientes entre sí, conectados por escaleras exteriores e interiores (aunque las que se ven adentro hoy pueden ser posteriores, según parece) y distribuidos en prolongadas salas-pasillos. Destacan en todo el inmueble los vanos estrechos pero bien distribuidos para iluminación y los desplazamientos, con protecciones y barrotes de metal forjado y puertas de vieja madera, conservando un aspecto solariego y casi conventual.

Al señalado segundo nivel se podía acceder exteriormente, desde los jardines y patios, por la escala doble que se halla del lado oriente, el de las arboledas. Estupendos porches tipo soportal se extienden a todo lo largo de este segundo piso, por ambos lados: un pasillo-balcón abalaustrado y coronado por dos aguas de tejado colonial, en toda la extensión. Elementos posteriores correspondientes a pasillos, bodegas menores, pasajes y extensiones le fueron siendo agregados al edificio en años posteriores al de su construcción, aunque algunos manteniendo los rasgos de la arquitectura rural que le era propia.

Tras el advenimiento de la Independencia de Chile, hombres públicos y políticos de renombre pasaron o propietaron la hacienda durante todo el resto del siglo XIX y gran parte del siguiente. En el "Álbum de la Zona Central de Chile. Informaciones agrícolas" editado por Juvenal Valenzuela en 1923, por ejemplo, se señala que, a la sazón, esta pertenecía a por don Aurelio González, el mismo quien había asumido unos años antes la alcaldía de Las Condes. La ciudad ya estaba comenzando a perder paulatinamente el rasgo campestre y rural que por tanto tiempo dominaba el sector oriente, hasta las faldas de los cerros precordilleranos, pero el fundo se mantenía el en rubro agrícola y ganadero.

En aquellos días se producía allí principalmente cebada forrajera y leche. Contaba para esto con un amplio galpón de invierno con capacidad para unas 200 cabezas y un rebaño suficientemente grande como para la ordeña de unas 150 vacas diarias. El destino y consumo de esta leche se daba principalmente en los mercados de Santiago. La misma guía mencionada indica que el fundo tenía unas 225 hectáreas regadas por entonces, más un silo con capacidad para 280 toneladas.

Tras morir don Aurelio la antigua y ya algo vetusta casona quedó en manos de su hijo, Mario González Díaz de Valdés. Junto a su esposa, doña Inés Tonkin de González, hizo restaurar gran parte del inmueble en donde recibían y siguieron recibiendo a ilustres visitas, nacionales e internacionales. Entre los archivos de la Corporación Cultural de Vitacura se advierte, así, que en este largo período estuvieron en el mismo lugar el príncipe Humberto de Saboya (Humberto II, último rey de Italia) durante su paso por Chile en 1924; el célebre escritor francés Antoine de Saint-Exupéry (el autor de "El Principito"), en su período de servicios para una agencia argentina entre 1929 y 1930; y, más tarde, su compatriota el general y presidente Charles de Gaulle de visita en el país en 1964.

Sin embargo, sucedió que no mucho después de la refacción y mejoramiento de los inmuebles deciochescos del conjunto se lotearon algunos sectores de la propiedad. Esto sucedió hacia los años cincuenta, apareciendo de este modo el barrio posterior y lateral que hemos señalado. Sólo una hectárea quedaría de la propuedad ya después de concretadas todas estas parcelaciones de las Casas de Lo Matta, hacia esa misma época en la que sería creada la comuna de Vitacura, en el año 1981.

En tanto, hacia el año de 1967 durante la alcaldía de don José Rabat Gorchs, la Municipalidad de Las Condes que todavía tenía dentro de su territorio a esta propiedad la compró con el objetivo de convertir el caserón en el museo y la casa cultural de la comuna. Tres años después, el decorador Mario Matta Echaurren, vinculado a la antigua familia que daba su apellido a la misma casona, llegó a un acuerdo con la administración municipal para recibir la propiedad en concesión, tomando el compromiso de restaurarla y disponerla abierta al público visitante. El interesante y particular método de puesta en valor iba viento en popa, con positivas transformaciones del lugar en marcha hasta que, hacia fines de los años de la Unidad Popular, don Mario falleció súbitamente sin que se pudiesen concluir los trabajos pendientes.

Pasó el tiempo y la decrepitud comenzó a dejar huellas en las estructuras del inmueble, otra vez. Para entonces se mantenía gran parte del primer piso como bodegas y el segundo como habitaciones. Pocos años después comenzaron a ser demolidos pabellones y unidades más antiguos, conservándose sólo la parte principal del inmueble, la correspondiente a la original levantada a finales del siglo XVIII, como vimos. Son las mismas dependencias que actualmente siguen en pie.

En 1979 se recuperó materialmente la casona gracias a nuevas intervenciones a cargo de la Municipalidad de Las Condes y del Banco Español Chile. La creación de la comuna de Vitcura vino a suceder en esos mismos años. Sin embargo, siendo inminente el peligro de destrucción del ya senil edificio, el Consejo de Monumentos Nacionales estableció para las Casas de Lo Matta y sus terrenos adyacentes la categoría de Monumento Histórico Nacional con el Decreto Supremo N° 261 del 4 de mayo de 1984, por tratarse de un "exponente de la arquitectura rural del siglo XVIII, constituyendo un ejemplo de lo que eran las casas patronales típicas de la zona central chilena".

No bien se oficializó la declaración, entonces, durante la alcaldía de Carlos Correa Sanfuentes en Las Condes (la que seguía a cargo de ese territorio de Vitacura mientras no se instalara la nueva municipalidad) la dirección comunal se encargó de restaurar y mejorar el inmueble y sus construcciones adyacentes. Esto se hizo sin afectar el carácter colonial tardío que es tan propio del conjunto, dejando las obras en manos del arquitecto Patricio Gross. Por este motivo, este debió eliminar algunos elementos posteriores al siglo XVIII y que contaminaban el estilo original del inmueble, quedando parte de los restos más relevantes dispersos en los jardines y patios, a modo de decoración histórica y reliquias.

Por otro lado, también se encargó a la paisajista Marta Viveros rehacer los jardines con senderos y árboles frutales, aquellos en donde hoy está también una estatua de la Virgen, viejísimas tinajas y restos de otras estructuras históricas del conjunto. Hay naranjos por el sector frente al ingreso y hacia el fondo del gran patio al poniente de la casona, además, en donde existen algunas bancas de camping para los visitantes.

Una vez concluida las restauraciones y gozando de su categoría de Monumento Histórico, las Casas de Lo Mata fueron reinauguradas el 15 de septiembre de 1988, muy cerca del famoso plebiscito popular que puso fin al régimen militar. A partir entonces, el caserón sería mejorado con algunas intervenciones extras y dispuesto para las exposiciones del Museo de Artes Decorativas, hoy en el Centro Patrimonial de la Recoleta Dominicana. Este período se recuerda con una placa colocada hacia el lado de los jardines, además de haber acogido en ella algunos departamentos del Centro Nacional de Conservación y Restauración.

El área de comunicaciones de la Corporación Cultural de Vitacura informaba que, en 1998 (año en el que se retiró el museo), la propiedad pasó a depender directamente de esta misma institución y de la comuna correspondiente, cuya municipalidad había podido instalarse formalmente recién hacía siete años. Desde ese momento, el amplio recinto pasaría a convertirse en un espacio de expositores, eventos, encuentros y actividades para la comunidad, llegando a recibir unas 25 mil visitas anuales.

Unos diez años después y permaneciendo aún en tales funciones, se inició un nuevo proyecto de restauración, casi urgente dada la situación en que se hallaba otra vez el edificio. Este ya estaba mostrando serios problemas estructurales, especialmente entre las más antiguas maderas y soportes distribuidos por sus 1.020 metros cuadrados. Iniciado en 2009, entonces, la intervención cambió las vigas y postes por otros nuevos pero fieles en su aspecto a los originales, ajustándose también a las normas sísmicas... Lo oportuno de tales trabajos iba a quedar demostrado a los pocos meses, curiosamente.

En aquella ocasión, además, se instaló otra placa conmemorando las obras respectivas, pues la Municipalidad no iba perder la oportunidad de hacer ostentación de ellas. Se encuentra por el lado de la entrada poniente al inmueble, donde se lee con letras mayúsculas:

Bajo la administración del Alcalde de Vitacura Sr. Raúl Torrealba del Pedregal y su concejo, ha sido restaurada "Casas de Lo Matta" como un aporte a la preservación de los monumentos nacionales de nuestro país.

Esta obra fue realizada durante todo el año 2009 y consistió en el reforzamiento estructural y la restauración arquitectónica del edificio, combinando técnicas de construcción de la época.

El momento de haber hecho aquellos providenciales refuerzos y arreglos no pudo ser más feliz... Coincidentemente, el catastrófico terremoto del 27 de febrero de 2010 sorprendió a las Casas de Lo Matta justo en una etapa final de todo el proceso de mejorías y reforzamientos, prácticamente de retoques, por lo que pudo resistir sin problemas el artero ataque telúrico que, en otras circunstancias, tal vez habrícondenado a terminar como escombros a la mayor parte de su arquitectura. Mejor ni pensar si hubiese ocurrido con un sismo así menos de un año antes, entonces.

Tras los daños cosméticos y pequeñas fracturas que pudo provocar en el edificio aquel cataclismo, el caserón sería rectificado durante los meses que siguieron. Así el complejo pudo ser reinaugurado y abierto nuevamente al público a partir del 3 de junio de ese año, presentado con su aspecto definitivo y tal cual lo podemos ver en estos momentos.

Hoy, las Casas de Lo Matta ceden gran parte de su espacio colonial e histórico a todas las formas de cultura y extensión creativa: arte, fotografía, exposiciones, música, danza, cine, etc. El centro cultural es el lugar al que se destinan espectáculos para la comunidad, además, incluyendo  festivales cinematográficos e incluso celebraciones de fiestas públicas o particulares.

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