LOS CAÑONES VIRREINALES DE LA ESCUELA MILITAR

Los cañones en la actualidad (33°24'41.47"S 70°35'3.48"W).
La historia de los dos cañones coloniales de la Escuela Militar está relacionada estrechamente y desde su origen con otro par de estas piezas ubicadas en el Palacio de la Moneda, llamados El Furioso y El Relámpago; y también con sus hermanos ubicados en la Plaza de Lebu, El Marte y El Rayo. Se trata de otro dúo de la misma camada de armas en rotundo estilo barroco y fabricadas en la Lima virreinal: El Destruidor y El Colérico.
Debe partir esta exposición señalando que todos los cañones mencionados pertenecen a un grupo de ocho a diez piezas del mismo tipo enviadas a Chile en tras una orden de 1772, emitida por el entonces virrey del Perú, don Manuel de Amat y Juniet. Su intención era reforzar la defensa de las fortificaciones hispánicas en el territorio, especialmente las del borde costero al sur. Como se recordará, además, antes de ser designado virrey, Amat y Juniet había ocupado el cargo de gobernador de Chile entre 1755 y 1761, de modo que su relación con el país fue de experiencia directa.
En cuanto al contexto histórico, debe recordarse también que, en 1762, España había organizado al primer Cuerpo Real de Artillería, uniendo elementos de distintos regimientos y aumentando su dotación y sus academias durante los 40 años que siguieron. Por entonces, coincidía que las fortificaciones del sur de Chile sufrían importantes modificaciones y refuerzos, especialmente en Valdivia, dirigidas por el gobierno de plaza de don Joaquín de Espinosa y Dávalos en el período de 1760 a 1780, mismo en el que se producirán y traerán aquellas piezas artillería de fundidas en Lima.
Las inscripciones de los cañones, acompañadas del escudo imperial español y con notorio estilo barroco colonial tardío, confirman su procedencia. La mayoría fueron producidos en los talleres de Johannes Espinossa en la capital peruana. Sus sugerentes y pretenciosos nombres se debían a los títulos que se daban entonces a tales producciones, aludiendo al daño que se esperaba hicieran o bien a las deidades belicosas del mundo clásico. De esta forma se los distinguía con identidades propias, dado que no eran hechos en serie sino más bien como piezas individuales, fabricadas una a una casi como obras de arte.

Los cañones en la Escuela vieja hacia 1940. Colección de Pedro Hormazábal Villalobos. "Revista de Historia Militar", diciembre 2009.

Los cañones en la Escuela vieja en imagen publicada en el Flickr Santiago Nostálgico, década del cuarenta.

Detalle del escudo imperial español en la zona del oído de uno de los cañones.

Una de las asas pisciformes, en pares sobre el segmento de los muñones.

Detalle del cascabel en la linterna, con diseños orgánicos y floreados.
Con cerca de tres metros de longitud, estos cañones originalmente eran de alma o recámara lisa y sistema de avancarga o carga por la boca, aunque muchos años más tarde, en 1866, algunos de ellos fueron rayados en las maestranzas de Limache por el ex artillero y capitán del Cuerpo de Ingenieros, don José Eustaquio Gorostiaga. Esto se hizo para hacerlos funcionales a los proyectiles de aro durante la guerra con la flota española, luego de la ocupación hispana de las islas peruanas Chincha.
Los mismos cañones de bronce habían sido incorporados al Ejército de Chile durante las Guerras de Independencia. Posteriormente, cuatro de ellos fueron llevados para fortalecer la defensa costera de Lebu durante la Guerra del Pacífico, dado que esta localidad era un puerto importante para el abastecimiento de carbón y requería de todo lo que hubiese a mano para su protección, incluso de estas reliquias. Aunque no hubo necesidad de usarlos, quedaron allá los mencionados cañones hermanos, mismos que después fueron divididos en dos pares al ser trasladada la mitad a La Moneda, en Santiago.
Sin embargo, otros cuatro cañones del mismo período y estilo corrieron con destinos muy diferentes a aquellos que fueron destinados al Palacio de la Moneda o la Plaza de Lebu. Dichas piezas irían a parar a edificios institucionales de formación en las armas, existiendo información interesante sobre este periplo en algunas fuentes como el artículo de investigación "El Ejército Real en Chile (1759-1810). 'La raíz española del Ejército Independentista'", del historiador Pedro Hormazábal Espinosa ("Revista de Historia Militar" de diciembre de 2009), y en la enciclopedia "La artillería en Chile", del Comité de Artillería del Ejército de Chile.
De esa manera, un par de ellos llamados El Triunfante y El Trepidoso quedaron en el edificio la Escuela Naval Arturo Prat de Valparaíso, tras ser inaugurado en 1893 como sede de la Escuela Naval en el Cerro Artillería. Al construirse el nuevo edificio de la escuela y dejarse el antiguo para albergar el museo naval, en 1967, los mismos cañones fueron trasladados hasta las nuevas dependencias, permaneciendo allí sobre monturas metálicas con el escudo patrio, en el llamado Patio de los Cañones.
Sucedió algo parecido con otros dos cañones, los de nuestro interés en este texto: El Destruidor y El Colérico. Su lugar definitivo, sin embargo, sería en Santiago, específicamente en la Escuela Militar.

El Destruidor en el Patio de Honor de la Escuela Militar.

Vista del diseño general de El Destruidor: linterna, oído, muñones, asas y boca.

Detalle del rótulo de fabricación de El Destruidor.

Linterna y cascabel de El Destruidor, con información del fabricante.
Básicamente, ambos cañones eran del mismo tipo que los demás: de culebrina, dispuestos con el objetivo de servir a la artillería para defensa de costa. Coinciden también con la línea general del estilo de la metalurgia artística y del diseño de los hermanos de la Plaza de Lebu, el Palacio de la Moneda y la Escuela Naval de Valparaíso, con leyendas en el relieve de su bronce, más el escudo español y asas con delfines o peces en estilización inconfundiblemente barroca. Llevan encima una arenga a modo de divisa: "Violate fulmina Regis", traducible del latín como "Con violencia recibiréis rayos del Rey". Sin embargo, estos dos cañones de la Escuela Militar conservaron su alma lisa original, propia del mencionado procedimiento de avancarga, lo que lleva a suponer que no se los quiso reutilizar en el siglo XIX.
Entrando ya en las particularidades de ambos cañones, El Destruidor fue fundido todavía en tiempos de Amat y Juniet, en 1772, como se verifica en sus rótulos. Pertenece a las piezas que iniciaron el cumplimiento de la orden del Virrey, por lo tanto, en el mencionado taller limeño de Espinossa según confirma su inscripción: "Johannes Espinossa Fecit Limae".
El Colérico, en cambio, debe encontrarse entre los últimos producidos para cumplir con la orden virreinal. Fue producido ya en la época del virrey Manuel de Guirior, en 1780, en su caso por la fundición de Nicolaus Noriega, también en Lima. Es lo que lo revelan sus inscripciones en latín: "Nicolaus Noriega Fecit Limae".
Hallándose ya en total desuso, las dos piezas habían sido montadas en la entrada del elegante Edificio Alcázar de calle Blanco Encalada, entre Viel y San Ignacio. Este fue construido entre 1887 y 1901 para ser sede de la Escuela Militar del Libertador Bernardo O'Higgins, en pleno proceso de prusianización del Ejército de Chile. El complejo quedaba, además, prácticamente a pasos del Campo de Marte del Parque Cousiño, hoy Parque O'Higgins, tradicional lugar ligado a ejercicios y actos solemnes del Ejército y donde se ejecutarían después los famosos desfiles de la Parada Militar, que siguen siendo tradición en nuestros días.
Ambos cañones estaban casi al pie de la fachada del edificio, en los jardines exteriores con palmeras de la escuela y sobre monturas de concreto que encastraban sus muñones laterales. Permanecieron allí por largo tiempo, inclusive haciéndose parte de algunos ritos y protocolos de convivencia en la institución como la necesidad de "saludarlos" en determinadas ocasiones o celebraciones. Empero, no se sabe mucho de su historia previa al tiempo en que fueron dispuestos como símbolos y ornamentos de la misma institución y su sede, flotando muchas nubes al respecto.

El Colérico, en el patio de la Escuela Militar.

Vista del diseño general de El Colérico: linterna, oído, muñones, asas y boca.

Detalle del rótulo de fabricación de El Colérico.

Linterna y cascabel de El Colérico, con información del fabricante.
En los años cuarenta se adquirieron los terrenos del Fundo San Luis para construir allí la nueva sede de la Escuela Militar, en donde actualmente se emplaza, allí en lo que hoy es avenida Américo Vespucio con Apoquindo, comuna de Las Condes. El traslado de la escuela se realizó por etapas hasta completarse entre los años cincuenta y sesenta, mientras que el antiguo Edificio Alcázar quedó destinado a otras actividades institucionales y, más tarde, convertido también en el actual Museo Histórico y Militar de Chile.
Por esa razón, los simbólicos y corporativos cañones El Destruidor y El Colérico también acabaron mudándose con toda la escuela y ya siendo parte de la misma. Se construyó lugar reservado para ellos en las flamantes y espaciosas dependencias de Las Condes, entonces, al costado del Patio de Honor. Están a los lados de una escalinata al nororiente de la explanada, atrás de los jardines y sus senderos: descansan sus siglos de historia sobre un doble caballete de concreto reforzado para cada uno. Vistos desde enfrente, entonces, El Colérico está a la derecha y El Destruidor a la izquierda. Las inscripciones sobre su solidez, cerca de la boca, llevan el inconfundible y categórico nombre de cada uno.
Han existido algunas confusiones y nebulosas en el catastro de cañones que Amat y Juniet ordenó fundir y traer a Chile en el siglo XVIII, alcanzando también al par de la Escuela Militar. De hecho, aún no se tenía plena conciencia del valor y la presencia de El Destruidor y El Colérico cuando fue publicado en los noventa el estudio "Los cañones coloniales. Una rectificación histórica", del capitán de fragata Fernando Pérez Quintas ("Revista de Marina" N° 6, de 1994), en donde se contabilizan sólo seis de estas piezas: los cuatro hermanos de Plaza de Lebu y La Moneda, más los dos de la Escuela Naval, omitiendo a los dos de la Escuela Militar. También se habla de otro par de cañones "perdidos", llamados El Tronador y El Tronante, confundidos no pocas veces con los de La Moneda o los de la Escuela Naval.
No obstante, El Destruidor y El Colérico de la Escuela Militar están perfectamente visibles allí, elegantemente montados en posición de figuras tenantes y hablándole al tiempo a través de sus propias inscripciones de bronce... Cuentan en silencio de su secular historia, su lejano origen, sus misterios y su longevidad en el Reino de Chile.
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