La cruz del cerro Chequén (33°33'08.9"S
70°32'48.6"W).
Quienes viajan hacia
el Cajón del Maipo por avenida La Florida y su continuación en Camilo
Henríquez, seguramente están familiarizados con la visión del cerro con una
gran cruz haciendo guardia del lado oriente; uno que parece desprenderse del
macizo precordillerano de la sierra de San Ramón para acercarse hacia la
autopista. Es el Chequén, mismo que comienza a hacerse visible en la comuna
de La Florida pero que, antaño, cuando las alturas de los edificios eran
menores en todo el llano,
podía ser distinguido prácticamente desde todo este sector al sur de Santiago ya cerca de los límites con el río Maipo.
Este cerro isla está ubicado en el extremo sur de la avenida Tobalaba, entre las riberas de los canales San Carlos y Las Perdices. Su puntilla aparece señalada a veces como Chequencito y Chequencillo en cartografía clásica y los mapas coloniales, ya que había un Chequén mayor en el cordón correspondiente al actual cerro Santa Rosa que domina en los circuitos del Parque El Panul, más al nororiente, y del que parece brotar casi como un apéndice en los planos orográficos. Desde tiempos remotos, entonces, factores como la proximidad geográfica, la historia, la toponimia y el flujo urbano tratando de acceder a aquellos terrenos ha dejado profundamente vinculados a ambos cerros, el Santa Rosa y el pequeño Chequén. Desde tiempos
coloniales, la vistosa posición del actual Chequén o Chequencillo lo
convertía también en una referencia importante para los viajeros del pasado,
al igual que sucedía con los cercanos cerros Ballena, Las Cabras, el
Cerrillo de Las Vizcachas en Puente Alto o Los Morros más al poniente del
río Maipo. El nombre del Chequén proviene, además, de la denominación nativa
chequeñ dada a un arbusto de los bosques esclerófilos cordilleranos que
crecen entre las regiones de Coquimbo y Los Lagos en Chile, correspondiente
a la Luma chequen de los científicos, alguna vez abundante en estos
territorios al pie de la precordillera.
A pesar de no ser de
gran altura, son las características propias del Chequén o Chequencillo de
antaño las que siempre le permitieron servir como punto de
orientación. Hoy lo llamaríamos un cerro isla, por lo mismo, ya que ha
mantenido desde siempre una relación parcial con las áreas urbanas que, en
este sector específico del Gran Santiago, no han logrado trepar del todo
por las laderas. Además de mantener su posición relativamente aislada,
entonces, el cerro se luce en el paisaje con unos 110 metros de altura desde
el suelo y 780 metros sobre el nivel del mar, aproximadamente. Es una altura
modesta considerando los cerca de 1.200 metros sobre el nivel de mar de su
mencionado vecino el Santa Rosa, conocido localmente también como Santa Rosa
del Panul y Santa Rosa del Peral; más aún comparado con los 2.460 metros del
cerro Minillas y los 2.500 metros del cerro Tarapacá, ubicados a espaldas de
ambos.El
Chequén cuenta, además, con unos 60 metros entre sus extremos, más otros 60
metros en el sector de alturas más bajas. Estas se distribuyen en una
prolongación de su masa hacia el poniente y desde su vértice norte,
formación correspondiente a la señalada puntilla que ha dividido
históricamente allí las comunas sobre las actuales calles Tobalaba y
Trinidad Oriente.

Sector del cerro
Santa Rosa y Chequén
en plano-esquicio "Trazado del canal del Maipo" de 1743, de autor
desconocido. El norte cardinal está a la izquierda.
Portezuelo del Chequencito en "Plano del Llano del Maipo" de Antonio Lozada
y Caraballo, siglo XVIII. La rosa cardinal señala al norte.
Cerro Chequencillo, hoy Chequén, en "Mapa demostración del río Maipo" del
capitán Nicolás de Abos y Padilla, 1746. Norte hacia la izquierda.
El Chequén
(mayor) en el "Plano del terreno comprendido entre la ciudad de Santiago y
el río de Maipo", autor anónimo, siglo XVIII. Norte a la izquierda.
El cerro en el
plano "Santiago y sus alrededores" de Agustín Rengifo para la Sociedad del
Canal del Maipo, 1902.
La moneda de cobre del Canal
del Maipo,
1821.
Imagen de "180 años. Sociedad del Canal de Maipo. 1827-2007".
Cabe recordar que el
mismo nombre se daba a la gran Hacienda El Chequén o Del Chequén, propiedad
de la Compañía de Jesús, desde la que surgirá después la llamada
Hacienda Santa Rosa del Peral. Este enorme terreno, base de la futura comuna
de Puente Alto, ocupó propiedades que antes fueron denominadas El
Arrayán y la Hacienda Lo Cañas más al norte, mismos que, antiguamente,
habían pertenecido al conquistador español Juan Jufré de Loayza y Montesa, hacia 1576. Esto es en lo que hoy se identifica como la Provincia del Maipo,
desde la cordillera hasta el Camino Real del Vado o Paso de Tango
que iba sobre el río Maipo y la línea que se estima coincidente con la
actual autopista de la Panamericana.
La señalada Hacienda
El Chequén de los jesuitas tomó su nombre con el cerro Chequén mayor, hoy Santa
Rosa hemos dicho, e iba desde el sector de Lo Cañas y el Zanjón de la Aguada hasta el
propio río Maipo. Desde la línea de montañas ocupaba los terrenos hasta el
Camino Real del Puente Nuevo, coincidente con la actual avenida Santa
Rosa. El cerro de marras estaba justo en el límite nororiente, separándolo
de la Hacienda Lo Cañas y los bosques naturales de El Panul.
Siguiendo un camino de
regreso a través del tiempo, al consultar las cartas y planos de época
observamos algunos ejemplos interesantes para el registro de ambos cerros y
de la indicada gran propiedad. Uno de ellos es el dibujo esquemático de 1743
con el "Trazado del canal del Maipo", obra ilustrada de autor anónimo en
donde se señala en su extremo derecho al cerro Chequén de entonces,
suponemos el mayor y original atrás del actual, aunque dibujado de manera
muy sencilla. Tres años después, el capitán Nicolás de Abos y Padilla señala
directa e inconfundiblemente al Chequencillo en su plano "Mapa
demostración del río Maipo", correspondiente al actual cerrillo o cerro isla
del Chequén.
Hay otros casos notables en la cartografía colonial, por supuesto: en el documento de la
segunda mitad del siglo XVIII titulado "Plano del Llano del Maipo", de
Antonio Lozada y Caraballo, por ejemplo, se indica como referencia al
Portezuelo del Chequencito, con su doble cerrillo ilustrado allí al
final del también llamado Camino del Chequencito. Lo de portezuelo
se debe a la depresión de alturas que permitía un paso entre este cerro y el
actual Santa Rosa en el contorno del Bosque El
Panul, continuando así un camino entre ellos hacia el río Maipo y por donde
ahora van el canal Las Perdices y el camino de la Sociedad del Canal del
Maipo.
Más nítidamente
representado aparece el conjunto de cerros en donde está el Chequén y su
portezuelo en otra carta procedente del mismo siglo, también de autor
anónimo. Nos referimos a la titulada "Plano del terreno comprendido entre la
ciudad de Santiago y el río Maipo", la que fue elaborada especialmente para mostrar el
trazado del canal que debía llevar el agua a la urbe.





La ex hacienda de los
jesuitas, en tanto, sería comprada por particulares después de la expulsión
continental de esta congregación religiosa, proceso que pudo ser completado
en Chile en 1771 cuando todos los servicios ofrecidos por miembros de la
misma orden pudieron ser reemplazados con nuevo personal. La propiedad había pasado a manos de la Junta de Temporalidades, pero los hermanos Manuel y Juan de
Dios Mena la adquirieron a esta en 1783. En esos momentos, el trazado del
canal San Carlos ya estaba decidido y proyectado por estos mismos
territorios de El Peral y Lo Cañas, aunque varias dificultades y obstáculos
fueron postergando la consumación estos mismos planes.
A la sazón, además,
hacia el pie del cerro -y por donde pasará después el canal en proyecto- había
un grupo de árboles de higos del fundo conocido como las Higueras de Adames.
De ellas hablaron los entonces comisionados Manuel de Salas, Juan Bautista
de las Cuevas y Antonio de Hermida, en un informe presentado al Cabildo de Santiago y fechado el 30 de diciembre de 1796. La memoria fue elaborada a propósito de
los planes para concluir aquellas canalizaciones pendientes de aguas tomadas
del río Maipo, en la presa de captaciones ubicada más al sur y de cuya red sería parte también el canal San Bernardo del Maipo, hoy Eyzaguirre.
Por su parte, el mencionado dueño del fundo Chequén, don Manuel Mena, unos años después intentó retomar y terminar los trabajos de
construcción del San Carlos. De acuerdo a los planes el canal debía cruzar
completamente su propiedad regando del vital líquido a los huertos, por lo
que puede comprenderse la ansiedad que experimentó cuando los mismos
trabajos quedaron detenidos, precisamente en la proximidad del cerrito del Chequén. Sin embargo, a pesar del voluntarismo y la buena disposición, las
varias complicaciones persistentes también hicieron naufragar su proyecto en
1806.
Sólo hacia 1811
pudieron ser retomadas las obras del canal: esto sucedió durante el
recientemente asumido gobierno del general José Miguel Carrera. Parecía que
por fin no habría vuelta atrás para agricultores y canalistas de la zona
cuando el Desastre de Rancagua puso fin a la Patria Vieja y todo quedó en cero, otra vez. El
advenimiento de la Reconquista mantendría detenido y postergado el
proyecto entre 1814 y 1817.Así las cosas, recién
en 1820, consolidada ya la Independencia y concluido de manera definitiva el
período de los dominios coloniales, el canal pudo ser avanzado, inaugurado y puesto en
servicio, no obstante los trabajos de terminaciones que continuaron hasta el año siguiente. Estas demandas, de hecho, obligaron al gobierno de don
Bernardo O'Higgins a emitir una moneda obsidional de cobre destinada al pago
específico de los obreros, dada la falta de metal de plata para las acuñaciones y con el escaso erario que dejaron los preparativos para las expediciones
contra los fuertes realistas del sur y, sobre todo, la Expedición Libertadora partida al Perú.
Esta moneda fue motejada como la trucha del Maipo, por su diseño con
un pez en una de sus caras.
Cabe comentar que, en
aquellos terrenos de la hacienda y adyacentes al Chequén, se encontraba
también por entonces el inicio del antiguo camino colonial hacia Tunuyán y
Mendoza por la cuenca alta del Maipo, además del puente colonial de cal y canto construido en 1805 y por
el que habría pasado el naturalista británico Charles Darwin durante su visita al país. Esto es
bastante cerca del cerro de nuestro interés y está sobre las mismas aguas del
canal San Carlos, de hecho. Dicho sea de paso, además, este puente ha sido
puesto en valor en tiempos más bien recientes ante los organismos
correspondientes, gracias a un esfuerzo iniciado por el investigador Edison
Carreño con la expectativa de ser recuperado con la construcción de un
parque histórico en su alrededor. El esfuerzo fue coronado con la
declaratoria de Monumento Histórico Nacional para el puente en 2014.





En el ordenamiento
comunal definido entre fines del siglo XIX y principios del XX, el cerro
Chequén (ex Chequencillo) quedará en el límite que se heredará a las jurisdicciones
municipales de Puente Alto y La Florida. Estas circunscripciones fueron
creadas casi al mismo tiempo: en 1898 y 1899, respectivamente. Dicha
referencia o hito como deslinde señalado por el cerrillo se mantendrá
hasta nuestros días.
La vecina gran
propiedad de la Central Hidroeléctrica La Florida, en tanto, situada al pie
del Chequén por su costado norte, se remonta a 1906. Se origina como tal
cuando los canalistas del Maipo arrendaron el uso de la fuerza de aguas de
sus canales a la Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad,
inaugurándose de este modo la planta junto al Chequén chico hacia fines de
1909. Conocido hoy como Complejo La Florida Eléctrica Puntilla, fue la
primera planta generadora para abastecer Santiago y también cuenta con uno
de los edificios históricos más importantes y patrimoniales de toda la
comuna de La Florida, correspondiente al recinto original de la central hidroeléctrica.
Hasta 1923, sin
embargo, el cerro Chequén pertenecía administrativamente aún al territorio
al oriente de la Subdelegación 16 de El Peral, primero de la Municipalidad de
Lo Cañas y luego la de Puente Alto, en el llamado Departamento de La
Victoria. Ese mismo año, además, en el "Álbum Zona Central de Chile" de
Juvenal Valenzuela O., el Chequén aparece como parte de la mencionada
Hacienda Santa Rosa del Peral de propiedad de don Julio Puga Borne,
destacado político y abogado liberal chileno de gran prestigio en la
historia de la industria vitivinícola nacional.
Ubicada a sólo dos
kilómetros de la Estación Los Quillayes del ferrocarril Santiago-Pirque,
dicha hacienda contaba a la sazón con 228 cuadras regadas por el canal San
Carlos, más 16 potreros y un terreno con 54 hectáreas de viñedos de cepas
francesas, con las que producía grandes cantidades de vino en sus enormes
bodegas como sucedía con otras grandes propiedades de aquel lado de
Santiago, casos del Fundo Porvenir que adquirirían los curas de La Salle y la
viña Tarapacá ex Zavala al final del camino Rojas Magallanes. Con respecto
al cerrillo, la misma fuente de Valenzuela señalaba que, por entonces, en él
se explotaban carbón y leña, así que podemos imaginar que tuvo una presencia
arbórea mayor que la actual.
El Decreto con Fuerza
de Ley N° 1-3.260 del 9 de marzo de 1981 sobre nuevas comunas, la
legislación reafirmó al Chequén, su puntilla y su portezuelo como referencia
para los límites administrativos, en este caso de La Florida y Puente Alto.
Al señalar los deslindes floridanos al sur de la comuna, entonces, se indica
textualmente:
La línea de
cumbres de los cerros Santa Rosa del Peral, desde la cota 2251 hasta el
canal San Carlos, junto a la puntilla del cerro Chequén, pasando por el
trigonométrico cerro Santa Rosa; el camino que continúa hacia el oriente la
avenida Trinidad y su prolongación en línea recta, desde el canal San
Carlos, junto a la puntilla del cerro Chequén, hasta la avenida La
Florida...



El Chequén, ya no más
Chequencillo, está dividido hoy entre las propiedades del Cementerio Parque
del Recuerdo Cordillera, de un centro deportivo de Codelco y de la Sociedad
del Canal del Maipo con la central hidroeléctrica, costado por el que se encuentra
el mejor camino de ascenso a su cumbre, dicho sea de paso. El explosivo
crecimiento de la urbanización y las residencias lo ha ido acorralando en
las últimas décadas desde su extremo surponiente y como no ocurría desde
hacía siglos, quedando aún algunos terrenos disponibles en estos sectores
para que nuevos proyectos inmobiliarios sigan escalando cotas y contorneen
todas sus faldas.
De ese modo y dado el
actual panorama de intervenciones en los mismo terrenos, vemos que el
entorno del cerro está definido por las villas y por el doble cementerio del
Parque Cordillera La Florida y Parque del Recuerdo Cordillera, a sus pies.
Lo circundan, a su vez, la avenida Las Perdices y el camino interior de la
Sociedad del Canal del Maipo en la central hidroeléctrica. Es, de este modo,
un paisaje urbano que aún parece estar en proceso de transformación, pero conservando
todavía muchos de los rasgos originales de estas comarcas cerriles.
La fisonomía del
histórico cerrillo semeja bastante a la que se ve en el Parque El Panul a
tan poca distancia de este lugar, con senderos estrechos y eriazos entre
árboles, roqueras y matorrales. La cantidad visible de la flora varía,
habiendo períodos en los que se observa más verde y en otros más árido. Los
cálculos de expertos y excursionistas en cerros islas señalan que la cobertura arbórea ronda entre el 50% y 60% de sus 67 hectáreas. La
sequedad de los pastos durante las estaciones más calurosas ha sido un
peligro real de incendios, sin embargo, varias veces muy manifiesto.
Como el Chequén
presenta también una elevación que se va afilando hacia la cumbre se lo
puede ascender por varios de sus costados, pero por el lado poniente se
empina en los últimos tramos haciendo de gran demanda física el desafío y de
cierto peligro al intento de descenderlo por este mismo sector, dividido por
grandes rejas. Un arrollo lo circunda por este lado hacia calle Las
Perdices, por lo demás. Mientras, por el costado de los cementerios resulta más fácil pero hay un tramo
en que se camina junto a un corte del cerro de gran altura (se desmontó para
abrir el camino asfaltado), y por lo tanto de cierto riesgo. El ascenso
menos complicado sigue siendo por su costado norte y oriental, entonces, en donde
están trazados los caminos hacia su cruz blanca que lo corona la altura,
pero hay restricciones de acceso a causa de las propiedades particulares en
que se divide el mismo cerro.
En la cumbre donde hoy
está esa cruz emerge una gran cantidad de roquedales con algunas piedras de
buen tamaño y que la imaginación invita a querer comparar casi con las ruinas de
una imaginaria fortaleza. En las suposiciones no nos extrañaría que, a futuro y considerando lo
visible que era en este lado del valle, el Chequén aparezca como un posible
antiguo centro ceremonial, observatorio ancestral o algo parecido, cosa que ya sucedió con otros cerros de
la Región Metropolitana como el Navia, el Chena o el mismo Santa Lucía. Del
mismo modo, muchas historias de su importancia como referente geográfico en
tiempos coloniales se nos deben haber quedado en el tintero, aunque pueden
suponerse por su particular ubicación hacia el suroriente del llano
santiaguino y su lugar en el camino hacia localidades interiores como San
José de Maipo, laguna Negra y el embalse El Yeso o el antiguo paso hacia
Mendoza.
Lo que más destaca del
cerro hoy en la distancia es su indicada gran cruz: blanca y sólida, de unos
diez metros de altura. No hemos podido confirmar si hubo alguna anterior a
la actual, posiblemente más pequeña y ligera según entendemos, pero llaman
la atención las proporciones del material y el gran trabajo de montaje de la
misma pieza metálica en la cumbre, firmemente enclavada en la cima. Y,
aunque en ciertas temporadas luce un tanto vejada con pintura aerosol y
plumones, a veces llegan allí grupos de niños escolares acompañados por
profesores para limpiar el lugar y eliminar los restos de muchas visitas
imprudentes que dejan basuras como papeles, bolsas, botellas y latas de
cerveza.




Hay información
interesante sobre el mismo lugar difundida por la agrupación Santiago Cerros
Isla, quienes han hecho un importante trabajo de catastro y reunión de
antecedentes sobre esta clase de accidentes geográficos conviviendo con el
urbanismo capitalino. En este centro se le asigna al Chequén el número 8 de
los cerros que hay inventariados en la ciudad. No obstante, también es cierto
que hubo una época cuando el mismo cerrillo se percibía más bien aislado y
periférico, ajeno a los radios construidos del contorno del Gran Santiago y
acaso ajeno a la propia urbe, antes que esta creciera como levadura hasta
sus pies. El desarrollo urbano y la expansión habitacional fueron los que
convertirían a este en otro de los cerca de 26 cerros islas de la capital,
entonces, al invadir sus dominios.
Inaugurado en 1998, en
tanto, el Cementerio Parque del Recuerdo Cordillera contempla 52 hectáreas
que aún están en proceso de ser consolidadas en su totalidad, justo por el
lado que da a la falda oriental del Chequén. A la presencia de este
camposanto se debe, de hecho, la colocación de la actual cruz sobre el
mismo. Si a ello sumamos el acercamiento de la villa residencial Las
Perdices (proyecto de la inmobiliaria Enaco) y el encierro cada vez mayor
del terreno urbanizado alrededor del cerro, hay razones claras para
sospechar que podría terminar siendo intervenido por futuras construcciones
o, en el mejor de los casos, quedar como un parque urbano rodeado por la
mayor parte de sus puntos cardinales.
Sobre lo anterior,
cabe señalar que, de acuerdo a la información difundida también por Santiago
Cerros Isla, la categoría de "parque intercomunal" definida para el cerro
por el Plan Regulador Metropolitano de Santiago de 1994, había caducado por
no haberse consolidado a tiempo como área verde (artículo 59). Esto
significó que quedaba expuesto a posibles intereses de proyectos
inmobiliarios, motivando así reacciones de grupos conservacionistas y
aficionados al trekking.
No han sido los únicos
problemas para el cerro, por lo demás: el viernes 6 de febrero de 2009, por
ejemplo, se produjo un grave incendio que consumió diez
hectáreas de pastizales y matorrales del Chequén, debiendo ser combatido con ayuda de un
helicóptero y extinto tras un día entero de esfuerzos de los voluntarios de
bomberos. Y, el 8 de diciembre de 2010 (el mismo día del trágico incendio de
la Cárcel de San Miguel), un fuego intencional calcinó otra vez gran parte
del mismo en horas de la madrugada, pudiendo ser controlado después de
nuevas grandes fatigas de los bomberos de Puente Alto.
Posteriormente, el 28 de noviembre de 2013 estalló otro fuego en las faldas del cerro por el sector de su puntilla, también por una malévola o irresponsable intervención humana y dejando a la vista, de paso, que los posibles intereses inmobiliarios no son la única amenaza. Todavía en 2015 se repitieron casos de incendios en el lugar, dejando grandes daños en el mismo y revelando otra vez el hecho de que también la condición de un parque abierto al público representaría un tema con sus propios riesgos en nuestros días, de no haber una educación mediante y una apelación a la civilidad de todos los posibles visitantes.Después de tanto
castigo, los miembros de la Sociedad del Canal del Maipo y otras
agrupaciones se han organizado para ayudar a reforestar el cerro tras los
últimos grandes siniestros sucedidos en él. De este modo, en septiembre de 2016 se
plantaron más de 100 quillayes que recuperaron parte de la flora para este lado del
Chequén, esbozando la estética y las reconfortantes posibilidades del cerro
para volverse un grato parque. Los
esfuerzos terminaron en 2020 tras diferentes etapas en las que se sumó la
consultora medioambiental Biocys, principalmente en el desafío de devolver
la fertilidad a la tierra para más de 6.000 especies que, en total, devolvieron el
verdor floral al cerrillo.
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